viernes, 30 de abril de 2010

Asi me siento por las mañanas


Con la metereología tan cambiante de estos ultimos días una ya no sabe una si usar botas de lluvia o más bien camiseta de tirantes.
Me ha hecho gracia la viñeta, que me recuerda a mí por las mañanas mientras busco dos calcetines que al menos se parezcan en algo.
Definitivamente ha llegado el momento de hacer algo con el armario, de ordenarlo aunque tenga que ser colgando artilugios tipo Ikea: de esos que te solucionan la vida a costa de esconder lo que quieras almacenar...
C'est la vie!

jueves, 29 de abril de 2010

No me extraña que preocupe

Hace unos días me llamó la atención este a modo de toldo anunciando que van a dar la vuelta al edificio en cuestión.
Al leer el pequeño cartel de la ventana vecina pensé que se habían tomado demasiado en serio la amenaza de la constructora o rehabilitadora rojilla. Pero no, por lo visto lo que les preocupaba es el número de parados en nuestro país, que no cesa de aumentar.
A mí también me preocupa. Deberíamos dar la vuelta a algo. Pero ya.

viernes, 9 de abril de 2010

No sabía nada de esta foto...

Hoy he recibido esta sorpresa de los organizadores de la jornada de pintura. Como decía hace poco, si lo sé me visto de fiesta para ir a pintar.
Creo que estoy cerrando el ojo para poder apreciar la diferencia y reflejar las dos dimensiones sobre el lienzo... Había pensado hacerme un parche tipo pirata por aquello de no desarrollar enormes patas de gallo del esfuerzo, pero sólo falta que me hagan foto así. Al menos se puede apreciar el colorido de mi super carrito transporta todo: pinturas, trapos, ropa, comida, elementos de bodegones, pinceles, atril... La mesa no, que es plegable pero no tanto. Al menos es un recuerdo del estupendo día en Otazu. Un saludo...

sábado, 27 de marzo de 2010

Pintando al aire libre

La última vez que voy a pintar con ropa vieja... Siempre hay alguien que va con cámara de fotos y sales con pinta asilvestrada, en grupo o tratando de enderezar el caballete...

Esto es el resultado de la excursión de esta mañana al Señorío de Otazu. Bien que las bodegas son competencia de las de mi familia pero, como me decían los encargados, ahora en crisis "todos somos un piñón".

Digo "como me decían" porque he llegado la primera, y no por ser una ansiosa, sino por aquello de que no quería hacer esperar al resto de pintores, a quienes suponía ya pintando, pero no.

Lo más divertido-desesperante es el contínuo cambio de luz: de repente un rayito de sol y brilla el edificio. Al momento todo gris y con luz difuminada. El pintor-profesor me ha animado a decidir si pintaba el cuadro reflejando o no el momento de sol. He decidido que sí y desde aquel momento no ha salido ni un mal rayo. Bueno, sí, cuando nos teníamos que ir para visitar la bodega. Caprichos de la metereología.

Nos dejaban hacer todas las fotos que quisiéramos a las múltiples obras de arte que
jalonaban la "campiña", así que también les coloco un perfil del flautista que estaba así antes de que comenzáramos a pintar.

No, no lo hemos estropeado, es que cinco minutos más tarde la hierba estaba cubierta de gente con caballetes y lienzos. O cartones y maderas, que de todo había.

Pues nada, el taller ya ha acabado. Ahora se impone la ardua tarea de pintar de vez en cuando, sin tener que ir corriendo a un lugar, un día establecido, un tiempo determinado.

Digo yo que los seminarios de arte y las academias de pintura para lo que sirven -aparte de para la práctica de la pintura- es para hacerte pintar. O sea, educar la voluntad.