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martes, 25 de agosto de 2009

Dicen que hay países en donde no se habla del tiempo

Del tiempo que hace, digo yo, porque el paso y el peso de los días nos afectan a todos por igual. Pero bueno, me hizo gracia el modo en que los más pequeños superan los calores en la costa dorada: jugando con esta fuente circular en la que aleatoriamente aparece una puerta de escape de modo fugaz y breve. Es imposible salir de allí seco o aburrido, que es casi lo mismo. Me acordaba de tantos Manolitos, como el de Mafalda, que estarían con suerte remojados en la fregadera de su casa.
Pero es bonito también observar los grandes hitos que tienen lugar en la vida de las familias, de modo tan discreto, en cualquier playa o piscina: el primer baño del niño; el primer flotador; la primera vez que se pone en pie solo, para volver a caer enseguida sobre la arena, sobre el pañal. Y los atareados padres: bebe, no comas arena, ¿quieres una patata?, ¡vamos al agua!, creo que hay que cambiar el pañal, ¿has traído bañador de repuesto?
Un saludo, ya de vuelta a casa.

viernes, 14 de agosto de 2009

Otra vez el calor


Me dió mi hermana permiso para publicar alguna de sus fotos de Cuba -estupendas- y ésta del lagarto me ha parecido de lo más apropiada para explicar el lapsus que el blog tendrá durante al menos una semana: voy a proceder a achicharrarme de calor pero a unos cuantos kilómetros de distancia. Eso sí, con grata compañía.
Nunca llueve a gusto de todos. En mi caso, para qué nos vamos a engañar, preferiría el frío al calor aplatanante. Se me debe de poner cara de... cómo les diría yo, ¿lagarto?

domingo, 20 de julio de 2008

Oasis amarillo

Comparto con todos ustedes este rinconcillo que tengo fichado desde hace tiempo, pero que a más a más este año se ha llenado de girasoles. Lo que más me gusta es esa casita -realmente la usan para guardar aperos de labranza-, que pasa oculta entre los árboles y sólo se ve desde este ángulo.
Para hacer las fotos ayer por la tarde tuve que correr delante del coche -no, no era una tortura tipo '24 horas'-, pero es que hice que pararan el super-bólido bastante antes de llegar al punto estratégico. Enfocaba y corría un poco más hacia adelante, para acertar. Y así unas cuantas veces. Reconozco que no es deporte propiamente dicho, pero a estas alturas de la vida y con el calorcillo imperante -dicen que alcanzamos los 36º de temperatura- no está "nada de mal" para una alérgica al ejercicio físico. Todo sea por el arte.

sábado, 21 de junio de 2008

Ni tanto ni tan calvo

Dicen que hablar del tiempo es el recurso de quienes tienen poco que decir. Pero estos calores parecen estrangular el cerebro e impiden centrarse en cualquier otra cosa mucho más interesante, que duda cabe, que el caprichoso termómetro.
Recuerdo un anciano que apareció en la televisión local gracias a la tenacidad del entrevistador que, micrófono en ristre, le perseguía a toda velocidad por la calle. Cuando lo tuvo a su alcance le soltó aquesta pregunta: "¿qué le parece a usted el tiempo que hace?". El caballero paró y contestó con decisión, energía y gesto serio: "pues muy mal. MUY MAL".

Cierto que, después de prepararse arduamente para poder hablar en inglés acerca del calentamiento global, los 'greenhouse gases' y toda la parafernalia, comprendo mejor que nunca el trasfondo de aquella sabia respuesta.

Tendría cierto remordimiento si no procurara reciclar la basura o mezclara impunemente las pilas viejas con los residuos orgánicos. Pero me sorprende que junto a los mensajes apocalípticos tipo "ya no hay nada que hacer", "el oso polar está en peligro de extinción", Kioto, etc. se escuchen como si nada en la radio noticias acerca de viajes turísticos al espacio. Al menos los españoles que ya se han apuntado -yo no, eh?, que voy a pie a todas partes para no contaminar- van a pagar casi doscientos mil euros por viajar a 100 km de la tierra durante unos 45 minutos y luego de vuelta a casa. Bueno, a casa no exactamente, a los EEUU, pues es de allí desde donde se sale...
Leía hace poco que para solucionar la contaminación producida por un viajero que va en avión de Londres a Tokio haría falta plantar tres árboles. No sé calcular el bosque que hará falta por la escapada sideral, teniendo en cuenta que, ya para aprovechar, darán alguna vuelta a lo ancho y largo del planeta, como el capitán Tan de Valentina y Locomotoro.

Por de pronto yo he plantado geranios, desafiando a la plaga de polilla amarilla que -efecto del cambio climático casi con toda seguridad- amenaza con taladrar los tallos. Al mal tiempo, ya se sabe... buena cara. E insecticida.