viernes, 20 de diciembre de 2013

Primeras navidades sin un ser querido


Hace poco una persona, amable como pocas, me recordaba que este año sería la primera Navidad sin mi padre. Es obvio que me acuerdo de él cada día; también en estas fechas que evocan, no sólo el dolor de la pérdida, sino su acto valeroso de arriesgar en una cruenta operación quirúrgica para poder seguir después, y "si Dios quiere", matizaba, cuidando de la persona amada...

Y ayer me topé con la poesía que Pemán escribió en la primera navidad sin su esposa Elena, allá por 1969. Me pareció que sólo el primer verso sirve más que mil terapias: "La Navidad sin ti pero contigo".

No sé si será correcto o no, pero acá lo transcribo por si pudiera ayudar a otros. ¡Sin palabras!



“In memoriam”   1969

La Navidad sin ti, pero contigo.
Como el volver a ser
cuando empieza a nacer
verde de vida y de memoria, el trigo.

Porque tú no estás lejos.
No sé si es que te veo o que te escucho.
Me iluminan, me templan tus reflejos.
Voy hacia ti… No puedo tardar mucho.

Pagando estrellas por salario
te escondes en las barbas torrenciales de Dios.
Recuerdo el ritmo lento de tu horario.
Humilde en la infinita paciencia del rosario:
y en la fe penetrante de tu voz.

Y el belén de su Amor,
como tú lo ponías.
Tú, la niña mayor,
la flor más pura de las flores mías.

Como es la luz del río
y el canto es de la fuente:
este cariño ardiente
es todo tuyo, a fuerza de tan mío.

Los ojos interiores se me han vuelto serenos:
He doblado la esquina
donde ya la luz tiene la pena por vecina.
La pena que nos vuelve pacíficos y buenos.
La vida importa menos.
La muerte asusta menos.
Y la fe cuesta menos.

Contra el fugaz minuto los siglos son tu ciencia.
Tú posees en herencia
el tiempo y la verdad.
Tu palabra madura tuvo que ser la ausencia.
Y tuvo que llamarse dolor de soledad.

Me dejaste la luz de cada hora
y la tierra concreta de cigarras y hormigas.
De la tarde a la aurora
todas las horas fueron mis amigas.


Tú sigues a mi vera cabalgando consejos
y sonrisas burlonas frente a las vanidades.
Al sol de las orillas me senté con los viejos:
vejez de bosque y prado sin edades.

La Nochebuena vuelve a atardecer
como el ser y no ser
del Tiempo y la Esperanza:
Herida en el costado por la lanza
dolorosa y florida de las flores de ayer.

El sol de la Verdad nos ha puesto morenos.
Estamos los dos llenos
de la paz de unos ojos esenciales.
La vara de los bienes y los males
va midiendo terrenos
de Amor y Gracia llenos.

La vida importa menos.

La muerte asusta menos.

Y la fe cuesta menos.



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